Akwanusagana

LA MONARQUÍA ENTRE LOS ASHANTIS febrero 2, 2012

Filed under: Uncategorized — akwanusagana @ 11:14 pm

Las grandes monarquías africanas figuran entre las formas más interesantes de gobierno primitivo conocidas por la antropología. Han de compararse más bien con la Europa de la Edad Media que con las concepciones comunes del estado primitivo.

Una de las más importantes de esas monarquías es el reino de Ashanti en la Costa de Oro, al oeste de África. Otros, son los reinos de Dahomey, Yoruba y Beni, en el este.

Los principios básicos del gobierno Ashanti son tres:

1.- El principio patriarcal, más bien que el aristocrático.

2.- El principio de que el cargo implica obligaciones, más bien que derechos.

3.- La jerarquía de la lealtad, un concepto feudal, según el cual toda pequeña lealtad es un medio de lograr la lealtad mayor.

Empezaremos por la familia que constituye una unidad social y vive junta en una casa. Agrupadas en grandes conjuntos, cada unidad social está representada por su cabeza en los consejos del poblado y así sucesivamente. La autoridad va hacia arriba en la escala establecida. Solo en casos de emergencia, la decisión de la autoridad puede venir de arriba hacia abajo, a través de los consejos sucesivos, hasta las familias de la base.

En tiempos normales, los jefes regionales pueden actuar solo con el consentimiento de los miembros de sus consejos y éstos, a su vez, deben consultar a quienes los han nombrado, y así sucesivamente, hasta llegar a los individuos miembros de la familia. De este modo, cada Ashanti siente que tiene derecho a participar en el gobierno.

Ashanti estaba dividido en cinco territorios, regido cada uno por un JEFE SUPREMO, guiado por un grupo de ancianos.
El reino tenía la mayor parte de las instituciones de un estado bien organizado: un sistema de recaudación de impuestos, tribunales para administrar las leyes y un ejército. Los casos judiciales eran oídos por un jefe y sus ancianos, siendo posible apelar a una autoridad más alta. El castigo era severo: ejecuciones, mutilaciones y flagelación eran algunas de las penas establecidas.

El ashanti sabía que estaba viviendo bajo un sistema ordenado que le protegía en tanto permaneciese fiel a las costumbres. Sabía que todas las precauciones religiosas y ceremoniales debían ser atendidas y cumplidas puntualmente. Siempre contaba con la poderosa defensa de su ejército. De acusársele de algún delito, podía recurrir a un proceso legal ordenado.

Por supuesto, existían injusticias y explotación, pero esto no era debido a defectos de su organización, sino a las imperfecciones humanas al ponerla en práctica. Dentro de estos límites, el estado ashanti funcionaba bien y realizaba eficazmente su tarea de regular la conducta y asegurar la paz de sus muchos ciudadanos.

EL REY Y EL CONSEJO.- No hay rey, ni gobierno, sin un consejo. Ninguna tribu o nación existe sin él. Hasta el rey más autoritario tiene sus consejeros. En muchos casos no se toma una decisión final si no se logra la unanimidad.
Ni los monarcas africanos actúan, salvo en casos raros, sin la plena aprobación de sus consejos, y éstos no se hallan dispuestos a comparecer sino hasta que los ancianos han pulsado la opinión pública.

La monarquía, como cualquiera otra relación social, se apoya en la reciprocidad. Si el gobernante eminente recibe grandes privilegios sociales, en recompensa ha de rendir servicio al pueblo. Algunos reyes y dictadores pueden ignorar este precepto, pero es difícil ignorar por mucho tiempo el principio que proclama un proverbio balinés. “El que gobierna debe al pueblo toda su fuerza”.

Lewis, John (2007). Antropología simplificada. México: Selector.